En base a los últimos estudios de neurociencia y psicología positiva, muchos estudios proponen que las personas más felices no son las que tienen más dinero, poder, bienes materiales, o situaciones favorables, sino aquellas que reúnen las siguientes características:

1. Experimentan emociones positivas: Cuantas más emociones positivas experimentamos durante el día sentiremos mayor bienestar en nuestras vidas. Las emociones positivas abarcan desde la ilusión, la esperanza, la alegría, el entusiasmo, el positivismo, la curiosidad, el asombro, la gratitud hasta el amor.

2. Desarrollan el compromiso con alguna actividad: se logra al conectarnos con aquellas actividades que nos generan pasión, y donde nos sentimos competentes y talentosos. Por lo tanto, experimentamos un estado que los psicólogos llamaron FLUIR, al estar tan inmersos en una actividad que nos apasiona y nos desafía, entramos en este estado, donde el tiempo trascurre de una manera diferente, y donde nos sentimos conectados con nosotros mismos y con la vida, sintiendo un placer inexplicable.

3. Descubren el propósito y significado de su vida: implica el descubrimiento del porqué y para qué hago lo que hago, encontrar los motivos que existen detrás de nuestro vivir. Qué vamos a aportar al mundo, y como podemos servir a algún poder superior. Sentir que nuestra existencia es útil para algo más grande que nosotros mismos, a fin de trascender en la vida.

4. Desarrollan relaciones sanas y enriquecedoras: experimentar relaciones que se basen en el amor, el respeto, la empatía, la conexión emocional, la compasión, y el amor. Alejar aquellas relaciones donde predominan los celos, las envidias, las rabias, las críticas, sarcasmos, las desvalorizaciones, y el resentimiento.

5. Tienen una sensación de autonomía y competencia: El ser humano tiene una necesidad de sentirse competente, valioso, útil y autónomo.

Ahora bien, ¿cómo nosotros los padres podemos contribuir para que nuestros hijos experimentan y desarrollen estas características?

  • Conectarlos con sus sueños: desde muy pequeños preguntarles con que sueñan, que puedan generar lista de sus sueños y los puedan visualizar. Además, estimularlo a realizar acciones en pos de sus sueños. Son los sueños los que nos generan esperanza, ilusión, entusiasmo, motivación.
  • Desarrollar el optimismo: lo cual no implica ver el lado bueno a todas las cosas, ya que estaríamos hablando de negación en muchas ocasiones. Ver las cosas desde un lente positivo se refiere entender que los eventos negativos serán temporales, transitorios y específicos, así como los eventos positivos son generales, frecuentes y pueden ser trasladados a otras áreas de nuestra vida.
  • Generar gratitud durante el día a día: muchas veces damos por garantizado lo que tenemos en nuestra vida y necesitamos educar más en el asombro y la gratitud, a través de la visión que cada día es un milagro a ser vivido. Generar espacios con nuestros hijos donde podamos agradecer las bendiciones, es una de las actividades que tienen mucho poder en nuestro diario vivir.
  • Observarlos: ver qué tipo de actividades les entusiasman, donde pasan la mayor parte del tiempo. Aquellos momentos donde parecen estar absorbidos por la actividad, para luego generar más espacios donde puedan desarrollar este tipo de actividades.
  • Aceptar sus intereses: que muchas veces pueden ser muy diferentes a los nuestros, sin embargo, la clave radica en que vivan una vida de acuerdo a sus propios intereses y aspiraciones y no la vida en función de satisfacer las demandas y expectativas de los demás.
  • Ser fuente de inspiración para ellos: viviendo nosotros una vida con un propósito y un sentido. Los niños aprenden por observación, imitan actitudes de las personas más importantes en su vida.
  • Contarles historias inspiradoras: a fin de que puedan sentirse incentivados y estimulados al visualizar de manera concreta como otras personas lograron lo que se propusieron.
  • Generar espacios de silencio y meditación: ya que el propósito y el sentido de nuestras vidas es un llamado interior a ser descubierto, y este descubrimiento solo puede darse en espacios de conexión con uno mismo acallando los ruidos y las voces del exterior.
  • Implicarlos en actividades pro sociales caracterizadas de nobleza, compasión, empatía, humanidad y altruismo.
  • Desarrollar un vínculo sano con nuestros hijos: el estilo de vínculo que generemos con ellos, les servirá como modelo para las futuras relaciones que formen a lo largo de su vida. Al desarrollar un vínculo basado en el respeto, el amor, la empatía y la conexión emocional, existe mayor probabilidad que generen relaciones caracterizadas por estas mismas emociones y sensaciones.
  • Hacerlos conscientes de las cosas que fueron logrando y superando: dándoles créditos por sus logros, así como también, incentivarlos a seguir superándose y esforzándose para obtener mayor autonomía y metas.
  • Alentar y premiar el error: ya que solo a través de los errores, uno va desarrollando competencias y logrando lo que se propone. Si castigamos el error, generamos una pérdida de confianza en ellos mismos, lo cual les impide volver a intentar y arriesgar en pos de sus objetivos.

Por último, pero no menos importante, nuestros hijos necesitan vernos felices, realizados, conectados con nuestros sueños, apasionados por un propósito, agradecidos, con emociones de esperanza, ilusión, positivismo, entusiasmo, curiosidad por la vida. Tenemos un gran compromiso de ser personas felices para ser el mejor de los ejemplos para ellos de cómo vivir una vida digna y bien vivida.

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