Generalmente asociamos límites con castigos, sanciones, órdenes, imposiciones, mandatos, y represión. Además, creemos erróneamente, que la finalidad de los límites debe ser lograr que “los niños se porten bien”, que sean “obedientes”, que “nos hagan caso”, que “no sean malcriados”. Para lograr estos objetivos, utilizamos una infinidad de estilos como amenazas, palizas, retos, castigos, autoritarismo, intimidaciones, chantajes, y manipulaciones. Sin embargo, creo que debemos plantearnos: ¿qué estamos consiguiendo a través de estos métodos?, y sobretodo ¿cuál realmente es la finalidad real de los límites?

Si bien estas técnicas, pueden ser muy efectivas a corto plazo, es importante analizar las consecuencias que pueden llegar a tener a largo plazo en la vida de una persona. La mayoría de las veces estas metodologías pueden desarrollar personas cargadas de ira, rencor, dolor, con cierto rechazo hacia los progenitores, ya que a ninguna persona le gusta ser pegada, amenazada, humillada, o desvalorizada. En el polo opuesto, pueden llegar a generar personas que sean como “robots” que sigan instrucciones sin desarrollar autonomía y criterio propio, adultos sumisos cargados de miedos, inseguridades, culpas, ansiedades, emociones muy dañinas para cualquier ser humano.

Considero para cambiar la manera de establecer límites a nuestros hijos antes que nada debemos cambiar el PARADIGMA que tenemos en relación a los límites, ya que estamos educando a través de un paradigma erróneo, así como mencionamos anteriormente.

Creo que sería mucho más beneficioso si empezáramos a asociar límites con:

  1. Aprendizaje: que a través de los limites los niños puedan diferenciar lo que es seguro de lo inseguro, lo que está bien de lo que está mal, lo que es correcto de lo incorrecto, lo permitido de lo que no está permitido. Que aprendan a conocer las zonas y las fronteras por donde pueden moverse.
  2. Amor y cuidado: con los límites le estamos dando el mensaje cuán importante son para nosotros, cuanto los amamos y les cuidamos.
  3. Responsabilidad: Podemos ayudarlos a pensar por ellos mismos y actuar de acuerdo a sus propias decisiones.
  4. Protección y Seguridad: generar una sensación de certidumbre y coherencia ante un mundo tan incierto. Trasmitir lo que pueden esperar de los demás y que esperan de ellos. Aprenden a construir puentes entre sus pensamientos y sus sentimientos cuando su mundo es predecible y responde a sus necesidades

Pero sobretodo, debemos replantearnos la FINALIDAD de los límites. Los principales objetivos a la hora de establecer límites deben ser:

  1. Aprender e Internalizar: a través de los límites deben incorporar e internalizar las normas y las conductas adecuadas, los comportamientos correctos. Que aprendan a autorregularse, controlar sus propios impulsos y emociones.
  2. Autoestima y autoconfianza: la construcción de una autoestima positiva y el desarrollo de las responsabilidades. y autoconfianza y ser personas responsables de sus actos el día de mañana.
  3. Autonomía y criterio propio: desarrollar personas autónomas, con criterio propio.
  4. Responsabilidad: adultos que puedan hacerse cargo de sus conductas y saber qué consecuencias tiene cada decisión que tomen en sus vidas.

Para lograr estos objetivos debemos encontrar métodos más respetuosos, eficientes, poco humillantes, y con buenos resultados a largo plazo.

Por todo lo mencionado, es clave a la hora de implantar un límite preguntarnos a nosotros mismos: ¿qué quiero lograr con esto? ¿Qué quiero que aprenda, desarrolle o incorpore? ¿Este método, puede dañar nuestro vínculo y su autoestima?

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